En las montañas de la locura
En las montañas de la locura En cualquier caso, lo que hicimos fue estudiar los temibles bocetos, que confirmaron los nuestros con gran exactitud, y retroceder por el camino indicado hacia el lugar circular, es decir, el camino que nuestros predecesores de identidad desconocida tuvieron que recorrer por dos veces antes que nosotros. La otra entrada que nos conduciría al tan buscado abismo estaría más allá. No es necesario que hable del itinerario que seguimos y durante el cual continuamos dejando un rastro de papeles ahorrando todos los posibles, pues fue de naturaleza idéntica al que nos había llevado hasta aquella galería sin salida, aun cuando el nuevo camino tendía a mantenerse más próximo al nivel del suelo e incluso a descender hacia las galerías inferiores. De cuando en cuando veíamos algunas señales inquietantes en los escombros y basuras esparcidas por el suelo; y en cuanto dejamos de percibir el olor a gasolina, volvimos a notar espasmódica y tenuemente aquel hedor más terrible y persistente. Después que el camino se bifurcara del que habíamos seguido anteriormente, iluminamos varias veces las paredes de la galería con los rayos de una sola linterna, y vimos en ellas casi siempre las omnipresentes tallas que parecían haber sido el principal desahogo estético de los Primordiales.