En las montañas de la locura
En las montañas de la locura Llego otra vez a un punto en el que me resulta muy difícil proseguir. Ya debiera estar endurecido a estas alturas, pero ciertas experiencias y suposiciones hieren demasiado hondamente para cicatrizar y dejan la memoria tan sensibilizada que los recuerdos nos hacen volver a vivir el pasado horror. Vimos, como he dicho, ciertos obstáculos en nuestro camino sobre el pulido suelo, y puedo decir que, casi al mismo tiempo, nuestro olfato se vio invadido por una curiosa acentuación de aquel extraño hedor, ahora claramente mezclado con la fetidez indecible de los que nos habían precedido. La luz de la segunda linterna no nos dejó dudas acerca de qué objetos obstruían el camino, y únicamente nos atrevimos a acercarnos a ellos porque advertimos, incluso a distancia, que ya estaban tan lejos de poder hacer mal alguno como los seis ejemplares de su misma especie que desenterramos de los abominables túmulos coronados por estrellas del campamento de Lake.