La llave de plata
La llave de plata —¡No! —susurró—. No sabemos con qué nos vamos a enfrentar. La otra faceta, ya sabe, Zkauba, el hechicero de Yaddith…
La figura del turbante habÃa llegado junto al extraño reloj, y los dos hombres presenciaron a través de la humareda cómo una zarpa negra manipulaba en la alargada puerta cubierta de jeroglÃficos. Aquella manipulación produjo un extraño golpeteo. Luego, la figura entró en la caja de forma de ataúd y cerró la tapa después.
De Marigny no pudo contenerse, pero cuando se acercó y abrió el reloj, estaba vacÃo. SeguÃa palpitando con el ritmo cósmico y misterioso que subyace en todos los accesos del éxtasis mÃstico. En el suelo habÃan quedado un enorme mitón blanco y un hombre muerto con una máscara en su mano crispada; ni un solo rastro más.