Mas alla de los eones y otros escritos
Mas alla de los eones y otros escritos —¿Señor Foster? —pregunté, temblando de miedo incontrolable cuando escuché los ecos de mi voz resonando en aquel cuarto. No recibà respuesta, y la figura detrás de la mesa no se movió. Me pregunté si no estarÃa bebido hasta la insensibilidad, y fui hasta la mesa para sacudirlo.
Pero al simple toque de mi brazo en su hombro, el extraño anciano dio un bote en su silla, como si hubiera recibido un susto de muerte. Sus ojos, que hasta entonces habÃan estado mirando al vacÃo, se clavaron en mÃ. Agitando los brazos como mayales, retrocedió.
—¡No! —gritaba—. ¡No me toques! ¡Atrás! ¡Atrás!
Vi que estaba borracho, asà como atenazado por algún tipo de terror indescriptible. Usando un tono calmado, le dije quién era y a lo que habÃa ido. Pareció entender difusamente y se desplomó en su silla, para quedarse sentado flácido e inmóvil.
—Creà que era él —murmuró—. Pensé que era él que habÃa vuelto. Está tratando de hacerlo… tratando de salir desde que lo metà ahà dentro —su voz se alzó de nuevo hasta convertirse en un grito, y se agazapó en la silla—. ¡Quizá ya haya logrado salir! ¡Quizá está fuera!
Miré a mi alrededor, casi esperando que alguna forma espectral subiese por las escaleras.
—¿Quién puede estar fuera? —pregunté.