Viajes al otro mundo
Viajes al otro mundo Pero, mientras tanto, el otro amigo que venÃa con nosotros —el escritor Claude Seignolle— habÃa pegado la hebra con los hippies y estaba con ellos, en cuclillas y gesticulando bastante.
Total: que al cabo de un rato yo también me hallaba en el cÃrculo, sentado a la moruna y hablando confusamente en medio de la confusión. Gran parte del público se congregó a nuestro alrededor con la ilusión, sin duda, de asistir por fin a la mesa redonda para la cual, más o menos subconscientemente, se habÃan programado a sà mismos.
Todos dijimos muchas tonterÃas.
—¿Qué significa esto? ¿Qué han pretendido ustedes? —decÃa un burgués perplejo, pero lleno de buenos deseos de comprender a las nuevas generaciones.
—Nada —decÃan éstas—. Nosotros hemos hecho las cosas que se ven aquà y ahora ustedes tienen que decir lo que les parecen.
Se les hizo ver, con mucha razón, que aquella mise-en-scène recordaba algo al vudú, por los cráneos de animales y por los tambores, que el túnel y el descenso y el ulterior ascenso eran, sin ninguna duda, de estirpe iniciática, y que, en todo caso, aquello no tenÃa nada que ver con Lovecraft.
Las jóvenes generaciones sonreÃan y se encogÃan de hombros.