Viajes al otro mundo
Viajes al otro mundo —Nosotros hemos hecho esto —insistÃan—. Ahora, ustedes, los intelectuales, digan lo que es.
Yo, un tanto conciliador, intentaba convencerlos de que aquello, aun sin mantener el menor parecido con los contenidos del universo lovecraftiano, sà conservaba la misma estructura que éste.
—Esto es como una iniciación —decÃa yo—. El estrecho pasadizo, el laberinto, la caverna, todo ello es tÃpicamente iniciático. Por otra parte, la obra de Lovecraft posee la misma estructura. En sus cuentos hay siempre un descensus ad inferos a veces simbólico, a veces real, y no es raro encontrar en ellos umbrales mÃsticos que conducen a otras dimensiones. Reconozco que los detalles de esta escenificación no son nada lovecraftianos, pero estoy convencido de que la estructura, la Gestalt, sà lo es.
—Sà —me decÃan sonriéndome a los ojos, pero no añadÃan ni media palabra más, era evidente que para ellos las palabras holgaban, aquella decoración pobretona, los papeles arrugados y las telas de saco, los ritmos y las luces seguramente configuraban para ellos una Gestalt inefable—. Nosotros lo hemos hecho. Ustedes hablen sobre ello.
Era muy tarde y yo tenÃa encima un gripazo terrible. Me fui. Al salir por la escalera estrecha y tenebrosa, volvieron a rozarme la cara trozos de goma viscosos colgados mediante hilos, del techo.