Viajes al otro mundo
Viajes al otro mundo Varios días después, limpia ya mi mente de las telarañas de la gripe, caí en la cuenta de que, en realidad, a lo que había asistido aquella noche era a la escenificación de un viaje por LSD.
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El 18 de abril de 1969 intervine en una mesa redonda sobre las llamadas toxicomanías modernas, organizada por la Sociedad de Neurología, Neurocirugía y Psiquiatría de Madrid. En mi breve conferencia, tras señalar que el incremento de estas toxicomanías se debía, en gran parte, a razones epistemológicas, apunté una serie de nociones fundamentales relativas a la evolución del conocimiento humano. Este asunto, a mi juicio, tiene mucho que ver con el que ahora nos ocupa, y no resisto, por ello, la tentación de resumirlas aquí:
1.ª) El progreso del conocimiento humano consiste esencialmente en una diferenciación cada vez más nítida entre Yo y No-Yo, es decir, entre sujeto y objeto, entre conciencia y cosmos. El primitivo, que carece de conciencia del Yo, lo vive proyectado —enajenado— en el cosmos y, en consecuencia, éste —el cosmos— se humaniza, se animiza se antropomorfiza. A la enajenación del Yo en el mundo corresponde así una plena apropiación del mundo por parte del Yo.