El antifaz de los Bristol
El antifaz de los Bristol Pero el silencio nunca es total. Y a veces, un rumor es suficiente para prender fuego a la curiosidad de un pueblo entero.
Primero fueron los pastores que pasaban cerca de la granja. DecÃan que habÃa luces encendidas en el granero a altas horas de la noche. Luego, un viajero aseguraba haber visto figuras moviéndose en la oscuridad. Algunos niños, desobedeciendo a sus padres, se atrevieron a acercarse. Dijeron que el viento arrastraba sonidos extraños desde dentro del granero.
—No me gusta esa familia —murmuró la señora Wilkins en la tienda—. Son… diferentes.
—Son reservados, eso es todo —respondió su esposo, aunque su voz carecÃa de convicción.
Algo no encajaba. Algo estaba fuera de lugar en esa granja.
Y en un pueblo como Abilene, los secretos no se quedan enterrados para siempre.
La primera vez que intentaron entrar al granero fue una noche sin luna. Cuatro adolescentes, con la adrenalina de la juventud y el valor que solo da la ignorancia, decidieron que era hora de descubrir qué escondÃan los Fisher.
