El Corán
El Corán 26. Cuando, dejados llevar los infieles de su fanatismo, el fanatismo propio del paganismo, Dios hizo descender Su sakina sobre Su Enviado y sobre los creyentes, y les impuso la palabra del temor de Dios. Tenían pleno derecho a ella y la merecían. Dios es omnisciente.
27. Dios ha realizado, ciertamente, el sueño de su Enviado: «En verdad, que habéis de entrar en la Mezquita Sagrada, si Dios quiere, en seguridad, con la cabeza afeitada y el pelo corto, sin temor». Él sabía lo que vosotros no sabíais. Además, ha dispuesto un éxito cercano.
28. Él es Quien ha mandado a Su Enviado con la Dirección y con la religión verdadera, para que prevalezca sobre toda otra religión. ¡Dios basta como testigo!
29. Muhammad es el Enviado de Dios. Quienes están con él son severos con los infieles y cariñosos entre sí. Se les ve inclinados o prosternados, buscando favor de Dios y satisfacerle. Se les nota en el rostro que se prosternan. Tal es su imagen en la Tora. Y en el Evangelio se les compara con la semilla que, habiendo germinado, fortifica su brote y éste crece y se yergue en el tallo, constituyendo la alegría del sembrador, para terminar irritando a los infieles por su medio. A quienes de ellos crean y obren bien, Dios les ha prometido perdón y una magnífica recompensa.