Viaje alrededor de mi habitacion
Viaje alrededor de mi habitacion Con el fin de poner orden en mi empresa y darle una probabilidad más de buen éxito, pensé que debía comenzar por redactar una epístola dedicatoria y escribirla en verso para que resultara más interesante. Pero tropezaba con dos dificultades que estuvieron a punto de hacerme renunciar a ello, a pesar de todas las ventajas que podía proporcionarme. La primera consistía en saber a quién había de dirigir la epístola; la segunda, cómo me las compondría para hacer versos. Después de haber maduramente reflexionado, no tardé en comprender que sería razonable escribir primero la epístola lo mejor que pudiera y buscar luego alguien a quien pudiera convenir. Puse en seguida manos a la obra, y trabajé más de una hora sin poder encontrar una rima al primer verso que me había salido, y que quería conservar porque me parecía un feliz hallazgo. Me acordé entonces muy oportunamente haber leído en alguna parte que el célebre Pope no escribía nunca nada interesante sin verse obligado a declamar un buen rato y en voz alta y a ir y venir de un lado a otro en su despacho para excitar su vena poética. Traté en el acto de imitarle. Cogí las poesías de Ossian y las recité en alta voz, paseándome por la habitación a grandes pasos con el fin de elevarme al entusiasmo.