En una pension alemana

En una pension alemana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Por su rostro cruzó una sonrisa, y me pareció estar participando de sus ilusiones en un espléndido quebrantamiento de aquel silencio; un deslumbrante intercambio de cortesías en un futuro nebuloso; el sacrificio de un periódico a la excelsa persona; un danke schön [8] que sería transmitido a las futuras generaciones.

En aquel momento el cartero, con la apariencia de un oficial del ejército alemán, entró con el correo. Tiró mis cartas dentro del pudding de leche y volviéndose hacia la camarera le dijo algo en voz baja. Ésta salió precipitadamente. Apareció el gerente de la pensión con una bandejita. En ella fue depositada una tarjeta ilustrada, que dicho señor, inclinando reverentemente la cabeza, fue a llevársela al barón.

Por mi parte me sentí desilusionada al ver que no se le saludaba con veintiún cañonazos. Al final de la comida se servía el café. Observé que el barón tomaba tres terrones, ponía dos en la taza y envolvía el tercero en un pico del pañuelo. Era siempre el primero en llegar al comedor y el último en abandonarlo. En una silla vacía que tenía al lado, colocaba un negro maletín de cuero. Por las tardes, asomada a la ventana, lo veía pasar calle abajo. Caminaba con paso trémulo llevando el maletín. Y cada vez que pasaba junto a un farol, se estremecía un poco más, como si temiera que aquél fuera a embestirle, o acaso por considerar plebeyo su contacto.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker