En una pension alemana
En una pension alemana —Consumir alimentos en mi cuarto —repuso con palabras que cerraron la conversación tan bruscamente como cerró el paraguas.
A nuestra llegada estuvo a punto de declararse un motín en la pensión. Subí corriendo hasta la mitad de la escalera para dar al barón, desde el descansillo, las gracias en voz bien alta por haberme acompañado.
Él respondió distintamente:
—De nada.
Herr Oberlehrer tuvo la atención de enviarme aquella misma noche un ramo de flores, y Frau Oberregierungsrat me pidió el patrón para un gorrito de niño.
Al día siguiente el barón había partido.
Sic transit gloria teutones mundi.