En una pension alemana
En una pension alemana ¡Qué lunch!. La mesa cubierta de flores; una orquesta, oculta tras un macizo de palmeras, tocando una melodía que le encendería la sangre como el vino. Sopa, ostras, pichón, puré y, naturalmente, champaña. Después, café y cigarrillos. Se reclinaría en la mesa sosteniendo la copa en una mano, y conversaría con aquella alegría encantadora que Harry sabía apreciar tanto. Después a una matinée en el teatro, algo que les atrajera a los dos, y el té en «Cottage».
—¿Azúcar? ¿Leche? ¿Nata? —breves interrogantes hogareñas que parecían sugerir una gozosa intimidad.
Y al obscurecer, a casa, mientras el aroma de las violetas de Parma inundaba el aire con su fragancia.
—Vendré a buscarte a las nueve —le habría dicho él.