En una pension alemana
En una pension alemana —Ahora bien, yo no quisiera molestarte —prosiguió el efusivo—, porque, después de todo, tú eres el que me ha invitado. Pero ¿comprendes, eh?
—Temo que la gente se meta conmigo por haberte hecho venir al extranjero.
El otro, acto seguido, se puso a hablar del sinfÃn de invitaciones que habÃa recibido. De aquà y de allá, gentes que tenÃan comprometido todo el mes de agosto le habÃan escrito invitándole. Torturó el corazón del topo con la enumeración de todos los hogares ávidos de su presencia y de todos los cubiertos intactos que dejaba esparcidos sobre el mapa de Inglaterra. Hasta que éste, dudando entre echarse a llorar y echarse a dormir, acabó optando por lo último.