En una pension alemana
En una pension alemana El campo de Béguinage, al toque de oración, está salpicado de grupitos de pintores con caballetes de patas extensibles, que parecen dotados de individualidad propia; pues se resisten tenazmente a los esfuerzos de los artistas y responden a sus insistentes miradas metiéndoles por los ojos chillonas manchas de color. Muchachas inglesas de floridos sombreros y lo más granado de la juventud masculina norteamericana dan allí libre curso a sus sentimientos, con una alegría, una camaraderie y un aire de «el mundo es pequeño para nosotros», que teóricamente resulta encantador. Se llaman unos a otros con juvenil näiveté, se lanzan cigarrillos, frutas y tabletas de chocolate, mientras que bandadas de turistas que han podido salvarse de las garras de una vieja emboscada a la sombra del portón de una capilla, se detienen pensativos ante los caballetes «para ver, observar y saber decir de quién».