En una pension alemana
En una pension alemana Frau Fischer era la afortunada propietaria de una fábrica de velas en algún lugar a orillas del Eger, y una vez al año interrumpÃa sus tareas para hacer una «cura» en Dorschausen. Llegaba con una cesta de mimbre, casi cubierta con un hule negro, y una bolsa de mano. Ésta contenÃa, además de los pañuelos, el agua de colonia, los palillos y cierta bufanda de lana, muy confortable para el magen, muestras de su pericia en la fabricación de velas, las cuales, al final de su temporada de vacaciones, ofrecÃa como presentes de gratitud.
Apareció en la pensión Müller, a las cuatro de la tarde de un dÃa de junio. Yo estaba sentada en el cenador, y pude verla cruzar apresuradamente el camino del jardÃn seguida del portero barbarroja, que cargado con la cesta de mimbre llevaba un girasol entre los dientes. La viuda y sus cinco inocentes hijos estaban en los escalones de la puerta agrupados con gusto exquisito y en la actitud apropiada para la bienvenida. Las salutaciones fueron tan prolongadas y estruendosas, que me sentà contagiada por su vehemencia.
