En una pension alemana
En una pension alemana —Sí, es el último retrato del Kaiser. Antes había una estampa de Jesucristo con la corona de espinas, pero la cambiamos porque no era una imagen muy agradable de ver en el momento de acostarse: nos impedía conciliar el sueño. Querida Frau Fischer, ¿por qué no toma usted el café en el jardín?
—Es una idea magnífica. Pero quiero primero quitarme el corsé y las botas. Ah, cómo descansa una al ponerse de nuevo las sandalias. Este año necesito terriblemente la «cura». ¡Qué nervios! No tengo más que nervios. Pasé todo el viaje hasta que el revisor pidió los billetes, con la cabeza cubierta con un pañuelo. Estoy agotada.
Penetró en el cenador con una bata moteada de blanco y negro y un gorrito de calicó con visera charolada, seguida de Kathi que traía la cafetera azul con el café malta. Frau Fischer se sentó, sacó un pañuelo impoluto y con él restregó la taza y el platillo. Luego levantó la tapa del cacharrito del café y miró su contenido con aire mohíno.