En una pension alemana
En una pension alemana —Yo no lo creÃa asÃ. Durante mucho tiempo he sido pesimista —una pausa—, durante meses.
Avanzaban traqueteando en las tinieblas.
—¿Por qué? —gritó Henry.
—Ah.
Ella se encogió de hombros, sonriendo y moviendo la cabeza, dando a entender que con el ruido no podÃa hablar. Él asintió con un gesto y se recostó hacia atrás. Salieron del túnel en medio de un centelleo de luces y de casas. Él esperaba que ella se explicara. Pero se puso en pie, se abrochó el abrigo, llevándose las manos al sombrero, vacilando un poco con el traqueteo.
—Bajo aquà —dijo.
Aquello le pareció a Henry totalmente imposible.
El tren redujo la marcha y las luminarias de afuera se hicieron más brillantes. Ella fue hacia el extremo del compartimiento para salir.
—Oiga —balbuceó él—, ¿no la volveré a ver?
Se habÃa puesto también de pie, y se sujetaba con una mano a la rejilla.
—Tengo que verla de nuevo.
El tren iba a detenerse.
—Vuelvo de Londres por las tardes —replicó ella con voz entrecortada.
—Ah... ¿S� ¿De veras?