En una pension alemana
En una pension alemana A continuación habló él atropelladamente:
—¿Qué ha hecho usted desde el viernes pasado por la tarde? ¿Qué hizo durante todo el sábado, todo el domingo y todo el dÃa de hoy?
Ella no respondió. Se limitó a sonreÃr, moviendo la cabeza y a decir:
—No, dÃgalo usted.
—¿Yo? —exclamó Henry.
Y se dio entonces cuenta de que no podÃa decirlo. No le era posible remontar aquella montaña de dÃas, y tuvo también que mover la cabeza.
—Sufrir —replicó con una sonrisa radiante—. Sufrir —y al oÃrlo, ella se quitó las manos del rostro y se echó a reÃr. Henry la imitó y rieron hasta que no pudieron más.
—Es algo tan... tan extraordinario —exclamó ella—. AsÃ, de pronto, ¿comprende? Y parece como si hiciera años que nos conociésemos.
—Eso me pasa a mà —dijo Henry—. Debe de ser la primavera. Se me figura que me he tragado una mariposa y que está agitando las alas aquà —y se puso la mano sobre el corazón.
—Lo más extraordinario —añadió Edna— es que yo estaba decidida a no hacer caso de los hombres. Quiero decir que en el colegio las chicas...
—¿Iba usted al colegio?
Asintió con la cabeza.