En una pension alemana
En una pension alemana —Entonces, hijita, ¿dónde está su marido?
Le dije que era capitán de un barco y que estaba haciendo una larga y penosa travesÃa.
—Pero en qué situación la ha dejado... tan joven y sin protección.
Se sentó en el sofá y me amenazó con el dedo, divertida.
—Ahora tendrá que admitir que le oculta a él sus viajes. Porque, ¿a qué hombre se le iba a ocurrir el dejar a una mujer como usted, con esa mata de pelo, errar por paÃses extraños? Supóngase que perdiera su portamonedas a medianoche en un tren cercado por la nieve al norte de Rusia.
—Pero yo no tengo la menor intención de...
—No digo que la tenga. Pero cuando se despidió de su querido esposo, estoy segura de que no habÃa pensado en venir aquÃ. Querida, soy una mujer con experiencia y conozco el mundo. Mientras él está lejos, tiene usted la fiebre en las venas y su triste corazón vuela por estos paÃses extraños buscando consuelo. En casa no podrÃa soportar la vista del lecho vacÃo... es algo como la viudedad. Desde la muerte de mi querido esposo, no he tenido una hora de sosiego.
—A mà me gustan los lechos vacÃos —protesté somnolienta, mullendo el almohadón.