En una pension alemana
En una pension alemana (En la estación)
Póngalo en un departamento de primera clase, para fumadores... Al fin y al cabo hay tiempo de sobra. Faltan más de diez minutos para que salga el tren. No me extraña que no esté él ya aquÃ. No debo dar la impresión de que ando buscándolo. Pero tengo que decir que he sufrido una desilusión. No se me ocurrió nunca pensar que habÃa de ser la primera en llegar. Creà que él estarÃa ya aquÃ; que habrÃa reservado ya un compartimiento, que habrÃa comprado periódicos y flores... ¡Qué cosa más rara! Yo que veÃa tan claramente en mi imaginación un ramo de claveles color de rosa. Él sabe cómo me gustan los claveles. Pero los rosa no son mis preferidos. Me agradan más rojiobscuros o amarillo pálido. Si se retrasa un poco va a perder el tren. Están cerrando ya las portezuelas. ¿Qué le puede haber ocurrido? Tiene que ser algo espantoso. Quizás en el último momento se ha pegado un tiro... «No puedo vivir con el remordimiento de haber destrozado tu vida.» Pero si no la has destrozado. ¡Ah!, ¿dónde estarás? Tengo que subir al coche... ¿Quién es éste? No, no es él. No puede serlo... pero, sÃ, lo es. ¿Qué diantre es eso que lleva en la cabeza? Una gorra negra. ¡Qué horrorosa! Está enteramente cambiado. ¿Para qué se habrá puesto una gorra negra? No lo hubiera reconocido. ¡Qué aspecto más estrafalario tiene al venir sonriente hacia mà con esa gorra espantosa!