En una pension alemana
En una pension alemana Él: Amor mÃo: no me lo perdonaré jamás. Pero me ha ocurrido lo más absurdo; algo trágico y cómico también. (Suben al compartimiento.) He perdido mi sombrero. Ha desaparecido sin saber cómo. Medio hotel ha estado buscándolo. Pero ni rastro. Y al fin, desesperado, tuve que pedir prestada esta gorra a otro huésped. (El tren se pone en marcha.) No estarás enfadada. (Intenta abrazarla.)
Ella: No, aún no hemos salido de la estación.
Él (apasionadamente): ¡Dios Santo! Aunque todo el mundo nos vea. ¿Qué más da? (Intenta abrazarla de nuevo.) ¡Mi encanto! ¡Mi alegrÃa!
Ella: No, haz el favor. No me gusta que me besen en el tren.
Él (muy ofendido): Ah, muy bien. Estás enfadada. Seriamente enfadada. No puedes perdonarme el haber llegado tarde. Pero si supieras lo que he sufrido...
Ella: ¿Cómo puedes creerme tan incomprensiva? No estoy enfadada en absoluto.
Él: Entonces, ¿por qué no dejas que te bese?
Ella (riendo nerviosamente): Tienes un aspecto tan distinto... Pareces otro.
Él (poniéndose en pie para mirarse ansiosamente en el espejo.) Pero si está muy bien, ¿no te parece?
Ella: SÃ, muy bien, perfectamente bien. « ¡Ja!, ¡ja!, ¡ja! (Se pone a reÃr y a llorar de rabia.)
(Han llegado)