En una pension alemana
En una pension alemana Los amigos de Herr Brechenmacher le saludaron con aclamaciones en cuanto entró por la puerta de la Festsaal, y Frau se afianzó el broche y cruzó las manos, adoptando el aire digno que correspondía a la mujer de un cartero y a la madre de cinco hijos. La Festsaal estaba verdaderamente preciosa. Las tres grandes mesas se habían reunido en un extremo a fin de dejar libre el resto para el baile. Del techo colgaban lámparas de petróleo que esparcían una luz pálida y brillante sobre los muros decorados con flores y cadenetas de papel y sobre los rostros arrebolados de los asistentes, vestidos con sus mejores ropas.
A la cabecera de la mesa se sentaron los novios. Ella, con su vestido blanco adornado con franjas y lazos de cintas de color, tenía la apariencia de una tarta de nieve a punto de ser cortada y servida en pequeños trocitos al novio, que estaba a su lado. Éste llevaba un traje blanco demasiado holgado para él, y una corbata de seda blanca también, que le subía hasta medio cuello. Agrupados en torno de ellos, con delicadas consideraciones al grado de parentesco, se sentaban los padres y parientes.