En una pension alemana
En una pension alemana —¡Ah! —respiró él muy quedo. Y luego gritó con voz muy diferente—: Bueno, ahora mismo voy a traer unos cuantos palos.
Volvió en un momento con un brazado de ellos.
—¿Será esto un penique de leña? —preguntó la niña, tendiendo las faldas de su vestido para recibirla.
—Pues no lo sé —respondió él—, porque me los ha dado uno que se mudaba de casa.
—Entonces quizá sean pedacitos de lo que se ha roto. Cuando nos mudamos nosotros, se rompieron dos cuadros, y papi encendió el fuego con ellos, Mamá decÃa... decÃa —(breve pausa)— «como soldados en campaña».
—¿Qué es eso?
—¡Dios santo! —ella ponÃa ojos de asombro— ¿No lo sabes?
—No, ¿qué quiere decir eso?
Pero la niña retorció un trozo de su falda, la estrujó y luego se quedó mirando a lo lejos.
—Ay, hijo, no seas pesado.
Él no le hizo caso; cogió la azada y de un tajo arrancó un trozo del piso de la cocina.
—¿Tienes un periódico?
El niño sacó uno de la nada y se lo dio. Zis, zas; zis, zas. Ella lo partió en tres trozos, se arrodilló, y puso la leña encima de los papeles.