En una pension alemana
En una pension alemana Salieron al pasillo. Cuando Frau Binzer abrió la puerta de la alcoba de enfrente, un prolongado quejido salió de la habitación.
Esto sorprendió y alarmó a Andreas. Entró precipitadamente en el cuarto de baño, abrió los grifos todo lo que daban de sí y, mientras el baño se llenaba, estuvo limpiándose los dientes y arreglándose las uñas. «Terrible, terrible —se oyó murmurar a sí mismo—. No puedo entenderlo. Es como si se tratara del primero... y con éste van tres. El viejo Schafer me dijo ayer que su mujer había dejado simplemente caer el cuarto. Anna debería tener a su lado una enfermera con título, en lugar de mi madre. Mi madre la mima demasiado. ¿Qué habrá querido decir con eso de que inquieté a Anna anteayer? ¡Qué bonito llamarle así la atención a un marido en una ocasión como ésta! Para sacarle a uno de sus casillas me parece... y luego con mi sensibilidad...»