En una pension alemana

En una pension alemana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Al cruzar el puente colgante, un fuerte olor a hinojo y a detritus subió del albañal y Andreas de nuevo se puso a pergeñar la carta. Salió a la calzada. Las tiendas tenían aún echadas las cortinas metálicas. Había trozos de periódico, paja y mondaduras de frutas esparcidos por el pavimento. Las alcantarillas estaban atascadas con los despojos de la noche del sábado. Dos perros espatarrados en medio de la calle se peleaban a mordiscos. Sólo la taberna de la esquina estaba abierta y un dependiente joven tiraba un cacharro de agua desde la puerta. Cuidadosamente y con los labios fruncidos, cruzó Andreas por encima del agua. «Es notable cómo me fijo en todo esta mañana —se dijo—. En parte debe de ser efecto del domingo. Me resulta insoportable un domingo, estando Anna sin poder moverse y los chicos fuera. En domingo uno debe tener derecho a contar con su familia. Aquí todo es sucio; va a desaparecer todo esto si viene una epidemia. Y vendrá, seguramente, de no derribar toda la calle. Me gustaría tener en mis manos los resortes del gobierno —pensó sacando el pecho—. Bueno, ahora vamos por ese médico.»

—El doctor Erb está desayunando —le informó la doncella, acompañándole a la sala de espera, una pieza obscura, mohosa, con algunos helechos dentro de una vitrina de cristal junto a la ventana—. Dice que tenga el señor a bien esperar un minuto. En la mesa hay un periódico.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker