Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Fue esto en Chascomús.
¿Y qué detenÃa entonces a los Voluntarios de la Pampa, que asà se llamaron al fin; qué los arredraba?
¡Ah! es triste decirlo. Pero es verdad, y hay que decirlo, para enseñanza de las jóvenes generaciones en cuyas manos está el porvenir, las que nos salvarán a nosotros, aspirantes de la intolerancia y del odio, enanos del patriotismo que recompensa bien, héroes del siglo de oro.
Era la ausencia completa del sentimiento del deber, el horror de toda disciplina.
Ellos tenÃan bastante sagacidad para comprender que yendo a robarle a cualquiera, por mi orden, yo me hacÃa su cómplice.
Yendo a robarles a los indios, el juego cambiaba de aspecto; tenÃan que ir como soldados. Llegaron tal vez a imaginarse que era una jugada mÃa para reclutarlos.
Lo comprendà asÃ.
Estuve dispuesto a despacharlos. Pero ya estaban allÃ.
Les hice entender que eran hombres libres; que podÃan conchabarse o no; que nadie les obligaba; que podÃan retirarse si querÃan.
Se convencieron de que no habÃa en el conchabo más riesgo que el de la vida, y se arregló todo.