Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles To sleep! perchance to dream.
Me quedé como soñando… VeÃa todos los objetos envueltos en una bruma finÃsima de transparencia opaca; los árboles me parecÃan de inconmensurable altura, vi desfilar confusas muchedumbres, ciudades tenebrosas, el cielo y la tierra eran una misma cosa, no habÃa espacio…
Un latigazo aplicado a mi rostro por el gajo de un espinillo, en cuyas espinas quedó enganchado mi sombrero, obligándome a detenerme, me sacó del fantástico fantaseo en que me sumÃa la somnolencia producida por la monotonÃa de la marcha.
Varios soldados me seguÃan de cerca conversando. Parece que hacia rato se contaban por turno sus aventuras. El que hablaba cuando mi atención se fijó en el grupo, decÃa asÃ:
—Pues, amigo, a mà me echaron a las tropas de lÃnea sin razón.
—¡Cuándo no! —le dije—, ya saliste con una de las tuyas. Nunca hay razón para castigarlos a ustedes.
—SÃ, mi Coronel —repuso—, créame.
—¿Cómo fue eso?
—Yo tenÃa un amigo muy diablo a quien querÃa mucho; y a quien le contaba todo lo que me pasaba.
Se llamaba Antonio.