Una excursión a los indios Ranqueles

Una excursión a los indios Ranqueles

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Mi lenguaraz se fue con las chinas al toldo, se cercioró de que no había indios en él y volvió con una ponchada de algarrobo.

Es un entretenimiento muy agradable ir a caballo masticando o chupando esa fruta.

Así fue que en tanto caminábamos funcionaban las mandíbulas.

Ya no íbamos por entre montes, quedando éstos al naciente, al poniente y al frente en lejanía.

Habíamos llegado a un campo que quebrándose en médanos bastante escarpados, semejaba el paisaje a las soledades del desierto de Arabia.

La vegetación era escasa y pobre. El guadal profundo. Los caballos caminaban con dificultad.

La mañana estaba lindísima.

Veíamos toldos en todas direcciones, lejos; pero indios, jinetes, ninguno.

Y era lo que más deseaban todos.

—Ver indios, indios, eso es lo que quisiera —decían los franciscanos; y yo les replicaba—: Tengan paciencia, padres, que quién sabe si no es para un susto.

De médano en médano, de ilusión en ilusión, de esperanza en esperanza, llegamos a la Verde.

Serían las diez de la mañana.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker