Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Un cuerpo sano en alma sana. El mate. Un convidado de piedra. Pánico y desconfianzas de los indios. Historias. Un mensajero de Caniupán. Visitas. En marcha. Calcumuleu. Nuevo mensajero. La noche. Amonestaciones. Primer regalo. Unos bultos colorados.
Los franciscanos, como de costumbre, habÃan hecho sus camas muy cerca de mÃ.
Asà dormÃamos siempre.
Yo se los habÃa recomendado.
La abnegación generosa de estos jóvenes misioneros, su paciente conformidad en los peligros, su carácter afable, su porte siempre comedido, sus mismas simpáticas fisonomÃas, todo, todo lo que constituye la persona fÃsica y moral, inspiraba hacia ellos una fuerte adhesión.
Se concibe, pues, que unido a estos sentimientos el deber que tenÃa de cuidarlos, tratara de tenerlos constantemente a mi lado.
Cuerpo sano en alma sana es roncador.
Los reverendos roncaban a dúo, haciendo el padre Moisés de tenor y el padre Marcos de bajo profundo.
Estuve tentado algunas veces de hacerles alguna broma, pero debÃan estar tan fatigados, que habrÃa sido imperdonable arrancarles a un sueño que, si no era interesante, debÃa ser agradable y reparador.
No pude continuar durmiendo.