Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Íbamos formados a ratos, yendo yo con Caniupán adelante, sus indios atrás y después de éstos mi gente; otras veces en dispersión.
Andando con indios no es posible marchar unidos.
Ellos le aflojan la rienda al caballo para que dé todo lo que puede, sin apurarlo nunca; de modo que los jinetes cuyo caballo tiene el galope corto se quedan atrás y los otros se van adelante.
Toda marcha de indios se inicia en orden; al rato se han desparramado como moscas, salvo en los casos de guerra. En ésta, pelean unidos o en dispersión, a pie unos, a caballo otros, interpolados todos según las circunstancias.
En un combate que mis fuerzas tuvieron con ellos en los Pozos Cavados, pelearon interpolados. Mi gente, siendo inferior en número, había echado pie a tierra. Les llevaron tres cargas, que fueron rechazadas a balazos y al dar vuelta caras, los pedestres se agarraban de las colas de los caballos, y ayudados por el impulso de éstos, se ponían en un verbo fuera del alcance de las balas.
En marcha que no es militar, los indios no reconocen jerarquías.