Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Nadie, y eso que habÃa muchÃsima gente achumada, nos faltó al respeto en lo más mÃnimo. Al contrario, caciques y capitanejos, indios de importancia y chusma, cristianos aislados y cautivos, todos, todos nos trataban con la más completa finura araucana.
Francamente, nos indemnizaban con réditos de los malos ratos, hambrunas, detenciones e impertinencias del camino.
¿Qué más podÃan hacer aquellos bárbaros, sino lo que hacÃan?
¿Les hemos enseñado algo nosotros, que revele la disposición generosa, humanitaria, cristiana de los gobiernos que rigen los destinos sociales? Nos roban, nos cautivan, nos incendian las poblaciones, es cierto. ¿Pero qué han de hacer, si no tienen hábito de trabajo? ¿Los primeros albores de la humanidad presentan acaso otro cuadro? ¿Qué era Roma un dÃa? Una gavilla de bandoleros, rapaces, sanguinarios, crueles, traidores.
¿Y entonces, qué tiene que decir nuestra decantada civilización?
Quejarnos de que los indios nos asuelen, es lo mismo que quejarnos de que los gauchos sean ignorantes, viciosos, atrasados.
¿A quién la culpa, sino a nosotros mismos?