Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Le pedà para el efecto un indio, y me dio uno llamado Angelito, sin tener nada de tal. Positivamente los nombres no son el hombre.
Después de hablar Achauentrú conmigo fuese a conversar con el padre Marcos y su compañero fray Moisés álvarez, joven franciscano, natural de Córdoba, lleno de bellas prendas, que respeto por su carácter y quiero por su buen corazón.
Al rato vinieron todos muy alarmados, diciéndome que los indios todos, lo mismo que los lenguaraces, conceptuaban mi expedición muy atrevida, erizada de inconvenientes y de peligros, y que lo que más atormentaba su imaginación era lo que serÃa de ellos si por alguna casualidad me trataban mal en Tierra Adentro o no me dejaban salir.
HÃceles decir, porque quedaban en rehenes, que no tuvieran cuidado, que si los indios me trataban mal, ellos no serÃan maltratados; que si me mataban, ellos no serÃan sacrificados; que sólo en el caso de que no me dejasen volver, ellos no regresarÃan tampoco a su tierra, quedando en cambio mÃo, de mis oficiales y soldados. Ellos eran unos ocho, me parece, y los que Ãbamos a internarnos diecinueve.
Y les pedà encarecidamente a los padres, les hicieran comprender que aquellas ideas eran justas y morales.