Una excursión a los indios Ranqueles

Una excursión a los indios Ranqueles

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

A los veinticuatro años ha pasado por grandes trabajos; tiene historia, que vale la pena de ser contada, y que contaré —antes de seguir describiendo las escenas báquicas con Epumer—, tal cual él me la contó, noches después de haberle conocido yendo en mi campaña de Leubucó a las tolderías del cacique Baigorrita.

Hablaré como él habló.

—Yo era pobre, señor, y mis padres también.

Mi madre vivía de su conchabo; mi padre era gallero, yo corredor de carreras.

A veces mi padre y yo juntos, otras separadamente, nos conchabábamos de peones carreteros o para acarrear ganados de San Luis a Mendoza.

Los tres éramos nacidos y criados en el Morro, y allí vivíamos. Mi viejo era un gaucho lindo, nadie pialaba como él ni componía gallos mejor; era joven y guapetón. No he visto hombre más alentado. Sólo tenía el defecto de la chupa. Cuando tomaba le daba por celarla a mi madre, que era muy trabajadora, y muy buena, la pobre, que Dios la tenga en gloria.

A más de eso, mi viejo era buen guitarrero, hombre bastante leído y escribido, pues sus primeros patrones, que fueron muy hacendados, lo enseñaron bien.

—¿Y cómo se llamaba tu padre?

—Lo mismo que yo, mi Coronel: Miguel Corro. Somos de unos Corro de la Punta de San Luis, que allí fueron gente de posibles en tiempo de Quiroga.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker