Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles “Parece que todo lo viesen antes de suceder, como le pasó a mi vieja aquella, noche. Porque al ratito de lo que le iba diciendo, ya llegó la partida y se apeó el que la mandaba, haciendo que mi padre se marchara con él sin darle tiempo ni a que alzara el poncho.
“Se lo llevaron en cuerpito.
“Pasamos con mi madre una noche triste, muy triste, mirándonos, yo callado y ella llorando sentada en una sillita al lado de su cama, porque no se acostó.
“Al día siguiente, en cuanto medio quiso aclarar, ensillé, monté y me fui derechito al pueblo a ver qué había.
“Lo acusaban a mi padre de un robo.
“Y decían que si no ponía personero, lo iban a mandar a la frontera.
“¿Y de ande había de sacar plata para pagar personero, ni quién había de querer ir?
“Me volví a mi casa bastante afligido con la noticia que le llevaba a mi madre. Pero pensando que si me admitían por mi padre podía librarlo.
“Le conté a mi madre lo que sucedía, y le dije lo que quería hacer.
“Se quedó callada.
“Le pregunté qué le parecía.
“Siguió callada.