Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles “Mà vieja estaba muy afligida. DecÃa que decÃan, que me iban a fusilar y que eso no podÃa ser, que yo qué culpa tenÃa.
“Yo le dije:
—Mi madrecita, yo quiero salvar a mi padre.
“Ella lloraba…
“En ese momento entró uno de la partida y dijo:
—Ya es hora de retirarse. Se va a entrar el sol.
“Nos abrazamos, nos besamos, lloramos; mi vieja se fue y yo me quedé triste como un dÃa sin sol.
«Me prometió volver al dÃa siguiente, a ver qué se nos ocurrÃa».
Esto dijo Miguelito, y como quien tiene necesidad de respirar con expansión para proseguir, suspiró… lágrimas de ternura arrasaron sus ojos.
Me enterneció.