Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Pero esas corrientes que nos modelan como blanda cera, dejándonos contrahechos, ¿nos llevan con más seguridad y más rápidamente que nuestros impulsos propios, turbulentos, confusos, a la abundancia, a la riqueza, al respeto, a la libertad en la ley?
Yo no soy más que un simple cronista, ¡felizmente!
Me he apasionado de Miguelito, y su noble figura me arranca, a pesar mÃo, ciertas reflexiones. Allà donde el suelo produce sin preparación ni ayuda un alma tan noble como la suya, es permitido creer que nuestro barro nacional empapado en sangre de hermanos puede servir para amasar sin liga extraña algo como un pueblo con fisonomÃa propia, con el santo orgullo de sus antepasados, de sus mártires, cuyas cenizas descansan por siempre en frÃas e ignoradas sepulturas.
Miguelito siguió hablando.
—Al dÃa siguiente vino mi madre, trayéndome una olla de mazamorra, una caldera, yerba y azúcar; hizo ella misma fuego en el suelo, calentó agua y me cebó mate.
“La Dolores le habÃa mandado una platita con la peona, diciéndole que ya sabÃa que andábamos en apuros; que no tuviese vergüenza, que la ocupara si tenÃa alguna necesidad.