Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles “Pensando un momento, se me ocurrió decir que porque en unas carreras, siendo él rayero, sentenció en contra mÃa y me hizo perder la carrera del gateado overo, que era un pingo muy superior que yo tenÃa. Y era cierto, mi Coronel: fue una trampa muy fiera que me hicieron, y desde ese dÃa ya anduvimos mal mi padre y yo; porque la parada habÃa sido fuerte y perdimos tuito cuanto tenÃamos.
“Después me preguntó que si alguien me habÃa acompañado a hacer la muerte, y le contesté que no, que yo solo lo habÃa hecho todo, que no tenÃa que culpar a naides.
“Que qué habÃa hecho con la plata que tenÃa el juez en los bolsillos.
“Le dije que yo no le habÃa tocado nada.
“Cuando menos los mismos de la partida lo habÃan saqueado, como lo suelen hacer. Es costumbre vieja en ellos, y después le achacan la cosa al pobre que se ha desgraciado.
“No me preguntó nada más, y se fue, y me volvieron a poner incomunicado, y de esa suerte me tuvieron una infinidad de dÃas.
“Ni con mi madre me dejaban hablar. Pero ella iba todos los dÃas una porción de veces a ver cuándo se podrÃa y a llevarme qué comer.