Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles —¿Y otros paisanos de los que están aquÃ, salen como tú y van a sus casas?
—El que quiere lo hace; usted sabe, mi Coronel, que los campos no tienen puertas; las descubiertas de los fortines, ya sabe uno a qué hora hacen el servicio, y luego, al frente casi nunca salen.
«Es lo más fácil cruzar el RÃo Quinto y la lÃnea, y en estando a retaguardia ya está uno seguro, porque ¿a quién le faltan amigos?».
—Entonces, constantemente estarán yendo y viniendo de aquà para allá.
—Por supuesto. Si aquà se sabe todo.
“Los Videla, que son parientes de don Juan Saa, cuando les da la gana, toman una tropilla; llegan a la Jarilla, la dejan en el monte, y con caballo de tiro se van al Morro, compran allà lo que quieren, después se vuelven con cartas para todos.
«Algunas veces suelen llegar a Renca, que ya se ve dónde queda, mi Coronel».
A medida que Miguelito hablaba, yo reflexionaba sobre lo que es nuestro paÃs; veÃa la complicidad de los moradores fronterizos en las depredaciones de los indÃgenas y el problema de nuestros odios, de nuestras guerras civiles y de nuestras persecuciones, complicado con el problema de la seguridad de las fronteras.
Le escuchaba con sumo interés y curiosidad.
Miguelito prosiguió: