Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Queda de consiguiente fuera de duda que lo que el perro hacÃa conmigo lo hacÃa a sabiendas. ¡PÃcaro perro!
Hubo un momento en que casi lo dominé. ¡Ilusión de un alma pusilánime!
Al primer amago de carga eché a correr con escopeta y todo; los ladridos no se hicieron esperar, esto aumentó el pánico, de tal modo, que el animal ya, no pensaba en mà y yo seguÃa desolado por esos campos de Dios.
Y sin embargo, si yo hubiera ido en compañÃa de alguna dama, el muy astuto no me corre.
Y ella habrÃa huido.
Las mujeres tienen el don especial de hacernos hacer todo género de disparates, inclusive el de hacernos matar.
Yo me bato con cualquier perro, aunque sea de presa, por una mujer, aunque sea vieja y fea, si soy su cabaleiro servente.
Otro se suicida por una mujer, con pistola, navaja de barba, veneno o arrojándose de una torre. No hay que discutirlo.
Hay héroes porque hay mujeres.
Y es mejor no pensarlo: ¿qué serÃa el hermoso planeta que habitamos, sin ellas?