Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles La presencia e inmediación de los mÃos, el orgullo de no dejarme avasallar ni sobrepujar por aquellos bárbaros en nada y por nada, me hacÃan insistir, contra las reiteradas instancias de Mariano Rosas, en no retirarme.
Mi principal temor era embriagarme demasiado.
A una loncoteada no le temÃa tanto.
Loncotear, llaman los indios a un juego de manos, bestial.
Es un pugilato que consiste en agarrarse dos de los cabellos y en hacer fuerza para atrás, a ver cual resiste más a los tirones.
Desde chiquitos se ejercitan en él.
Cuando a un indiecito le quieren hacer un cariño varonil, le tiran de las mechas, y sà no le saltan las lágrimas le hacen este elogio: ese toro.
El toro es para los indios el prototipo de la fuerza y el valor. El que es toro, entre ellos, es un nene de cuenta.
¡Los «yapaÃ, hermano» no cesaban!
Epumer la habÃa emprendido conmigo, y un indiecito Caiomuta, que jamás quiso darme la mano, so pretexto de que yo iba de mala fe: ¡Winca engañando!, salÃa constantemente de sus labios.