Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles ¿No tienes poder, no eres de carne y huesos, no amas el placer?
Pues bien.
Apártate de ese camino, ¡insensato!, ¡imprevisor, loco! ¡Escucha la palabra de la experiencia, hazte proclamar y coronar emperador! Imita a Aurelio[12]. Tienes un nombre romano. Lucius Victorius Imperator sonará bien al oÃdo de la multitud.
Yo escuchaba con cierto placer mezclado de desconfianza las amonestaciones tentadoras; ideaba ya si el trono en que me habÃa de sentar, la diadema que habÃa de ceñir y el cetro que habÃa de empuñar, cuando subiera al capitolio, serÃan de oro macizo o de cuero de potro y madera de caldén, cuando una voz que reconocà entre sueños llamó a mi puerta diciendo:
—¡Coronel Mansilla!
No contesté de pronto. Reconocà la voz, la habÃa oÃdo hacÃa poco; pero no estaba del todo despierto.
—¡Coronel Mansilla! ¡Coronel Mansilla! —volvieron a decir.
Reinaba una profunda obscuridad en el desmantelado rancho donde me habÃa hospedado; mis oficiales roncaban, como hombres sin penas; un ruido tumultuoso, sordo, llegaba confusamente hasta la nocturna morada. Me senté en la cama y paré la oreja, a ver si volvÃan a llamar, fijando la vista en un resquicio de la puerta, que era un cuero de vaca colgado.