Una excursión a los indios Ranqueles

Una excursión a los indios Ranqueles

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Hay situaciones que son como un incendio en alta mar; todas las probabilidades están en contra, yo me hallaba en una de ellas.

Para remate de fiestas, Mariano quería loncotear conmigo ¡loncotear a las tres de la mañana! ¡Era nada lo del ojo y lo llevaba en la mano! Me defendí como pude. El indio no estaba para bromas. Viendo que loncotear era imposible, le dio por agarrarme de los hombros con entrambas manos sacudiéndome con todas sus fuerzas atléticas unas veces, empujándome para atrás otras. ¡Hermano!, ¡hermano!, me decía con estridente voz, mimbreándose como una vara. Yo le contenía y le rechazaba con moderación. Un movimiento brusco mío podía hacerle dar un traspié. Y si se caía de narices, quién sabe si sus comensales no me hacían a mí lo que los arrieros a don Quijote.

Bien considerado el caso, era peliagudo. Una de las veces que esforzándome en contenerlo tropezó, por poco no cae despatarrado, despachurrándose.

Abrazóse de mí con sus membrudos brazos. Temí algo. Le busqué el puñal, lo hallé, lo empuñé vigorosamente para que no pudiese hacer uso de él, y así permanecimos un rato, él pugnando por sacarme campo afuera, yo luchando por no retirarme de la enramada. Nos separábamos, nos volvíamos a abrazar. Tornábamos a separarnos y en cada atropellada que me hacía metíame las manos por la cara.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker