Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles A la luz moribunda del candil que habÃa llevado Carmen hacÃa rato, me pareció ver una mujer.
Estas mujeres se le aparecen a uno en todas partes. Nos aman con abnegación.
¡Y tan crueles que somos después con ellas!
Nos dan la vida, el placer, la felicidad.
¿Y para qué? Para que tarde o temprano en un arranque de hastÃo exclamemos:
«Siempre igual, necias mujeres».