Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles —Mi amo —me dijo—, yo soy federal. Cuando cayó nuestro padre Rosas, que nos dio la libertad a los negros, estaba de baja. Me hicieron veterano otra vez. Estuve en el Azul con el general Rivas. De allà me deserté y me vine para acá. Y no he de salir de aquà hasta que no venga el Restaurador, que ha de ser pronto, porque don Juan Saa nos ha escrito que él lo va a mandar buscar. Yo he sido de los negros de Ravelo.
Y aquà interrumpió la historia de su vida, entonando, o mejor dicho, desentonando, esta canción:
Que viva la patria
libre de cadenas
y viva el gran Rosas
para defenderla.
Le atajé el resuello, diciéndole:
—Hombre, ya te he dicho que no quiero oÃrte cantar.
Callóse, y mirándome con cierta desconfianza me preguntó:
—¿Usted es sobrino de Rosas?
—SÃ.
—¿Federal?
—No.
—¿Salvaje?
—No.
—¿Y entonces, qué es?
—¡Qué te importa!