Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles —Muy amigo, por supuesto.
—¿Y Arredondo?
—También.
—¿Y cuál de los dos es más amigo de la Constitución?
—Los dos somos muy amigos de ella.
—Y el Congreso, ¿cómo se llama?
—El Congreso… el Congreso… se llama Congreso.
—¿Entonces no tiene más que un solo nombre lo mismo que la otra?
—Uno solo, sÃ.
—¿Y es bueno o es malo el Congreso?
—(¡Hum!).
Confieso que esta pregunta me dejó perplejo. Pero habÃa que contestar. Hice mis cálculos para responder en conciencia, y cuando iba a hacerlo, dos perros que andaban por allà se echaron sobre un hueso y armaron una singuizarra infernal, interrumpiendo el diálogo.
Mariano se levantó para espantarlos, gritando: «¡Fuera!, ¡fuera!».
Yo aproveché la coyuntura para retirarme.
Entré en mi rancho, me senté en la cama, apoyé los codos en los muslos, la cara en las manos y me quedé por largo rato sumido en profunda meditación.