Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles «El Presidente tiene mucho poder, él manda todo el ejército. Además, si yo me voy, vendrá otro jefe, y ese jefe tendrá que hacer lo que mande el general Arredondo, que es de quien dependo yo».
—¿Y Arredondo es amigo del Presidente?
—Muy amigo.
—¿Más amigo que usted?
—Eso no le puedo decir, hermano, porque, como usted sabe, la amistad no se mide, se prueba.
—Y dÃgame, hermano, ¿cómo se llama la Constitución?
Aquà se me quemaron los libros. Y, sin embargo, si el Presidente podÃa llamarse D. F. Sarmiento, ¿por qué para aquel bárbaro, la Constitución, no se habÃa de llamar de algún otro modo también?
Me vi en figurillas.
—La Constitución, hermano… La Constitución… se llama asà no más, pues, Constitución.
—Entonces, ¿no tiene nombre?
—Ese es el nombre.
—¿Entonces no tiene más que un nombre, y el Presidente tiene dos?
—SÃ.
—¿Y es buena o mala la Constitución?
—Hermano, los unos dicen que sÃ, y los otros dicen que no.
—¿Y usted es amigo de la Constitución?