Una excursión a los indios Ranqueles

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Y esto diciendo, José, que era muy zalamero, que había sido muy obsequiado por mí en el Río Cuarto, me abrazaba, diciéndole a Camargo:

—Este es mi padre —y mirándome significativamente—: Ya sabe, mi Coronel, quien es José.

Quedo enterado, decía yo para mis adentros, sabiendo mejor que él a lo que me debía atener.

Declaraciones de beodos son lo mismo que promesas de mujer.

¡Necio de aquél que se chupa el dedo!

Necio de aquél que al entregarle su corazón, sus esperanzas y sus ilusiones, olvida el dicho de Ninón de Lenclos:

Tout passe, tout casse, tout lasse.

Ser amable no es pecado.

Al contrario, es un deber cuya práctica nos hace simpáticos a los ojos del mundo.

Yo era, pues, tan amable con mis visitas, como el tiempo y el lugar lo permitían.

Todos los días le doy gracias a Dios por haberme concedido bastante flexibilidad de carácter para encontrarme a gusto, alegre y contento, lo mismo en los suntuosos salones del rico, que en el desmantelado rancho del pobre paisano; lo mismo cuando me siento en elásticas poltronas, que cuando me acomodo alrededor del flamante fogón del humilde y paciente soldado.


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