Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles José Ignacio Garmendia comÃa frecuentemente conmigo en el Paraguay, asà era que después de la lista de tarde casi siempre se le hallaba en mi reducto, junto con otro amigo muy querido de él y mÃo, Maximio Alcorta, aunque este excelente camarada, que lo mismo se apasiona del sexo hermoso que feo, tiene el raro y desgraciado talento de recomendar de vez en cuando a las personas que más estima, unos tipos que no tardan en mostrar sus malas mañas.
¡Cosas de Maximio Alcorta!
La misma tarde que destinaron a Gómez, Garmendia comió conmigo.
Durante la charla de la mesa —ya que en campaña a un tronco de yatay se llama as× me dijo que Gómez habÃa sido cabo de su compañÃa; que era un buen hombre, de carácter humilde, subordinado, y que su falta era efecto de una borrachera.
Me añadió que cuando Gómez se embriagaba, perdÃa la cabeza, hasta el extremo de ponerse frenético si le contradecÃan, y que en ese estado lo mejor era tratarlo con dulzura, que asà lo habÃa hecho él siempre con el mejor éxito.
En una palabra, Garmendia me lo recomendó con esa vehemencia propia de los corazones calientes, que asà es el suyo, y por eso cuantos le tratan con intimidad le quieren.