Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles La idea de una intriga para hacerlo reñir con su aliado trabajaba su imaginación.
Por eso iba Camargo conmigo, con la orden terminarte de asistir a todos mis parlamentos y en vistas y el encargo de no separarse un momento de mi lado por nada ni para nada.
Debía ser mi sombra.
Mi excursión a Quenque tenia, sin embargo, la explicación más plausible. Baigorrita me habla convidado hacía algunos meses para que nos hiciéramos compadres. Iba, pues, con los franciscanos a bautizar mi futuro ahijado, y al mismo tiempo, a conocer más el desierto, penetrando hasta donde es muy raro hallar quien haya llegado en las condiciones mías, es decir, en cumplimiento de un deber militar.
Verdad es que las desconfianzas de Mariano tenían también su razón de ser. No una vez, sino varias, diferentes administraciones, por medio de sus agentes fronterizos, han intentado sembrar la discordia entre él y Baigorrita, entre estos dos y el cacique Ramón.
El ejemplo y el recuerdo de lo que sucedió con la tribu de Coliqueo no se borra de la memoria de los indios.